MI MUNDO, MI ESPEJO.

 

MI MUNDO, MI ESPEJO.

No es fácil para mí ver lo que es la vida de hoy en día.

Siento que viví siempre en una urna de cristal construida por mi madre y de la cual no había salido sino hasta hace muy poco, en verdad muy poco.

Mamá me inculcó valores, fue fuerte en sus juicios, tenía parámetros de vida que no admitían justificaciones o como dicen otros "simples excusas". Eso hizo que cometer errores o tener equivocaciones en mi comportamiento fuera algo en extremo vergonzoso, haciendo que ocultara en mi infancia los daños que como niña podía cometer. Ya en mi adolescencia y años posteriores, los errores de mis acciones fueron motivo de la justificación como consecuencia de las acciones de otros hacia mí, pero necesité de años para reconciliarme conmigo misma y entender que la dureza y poca flexibilidad con los demás solo me iban a llevar una y otra vez a experimentar lo mismo en diferentes escenarios con diferentes personas que actuarían como mis espejos.

Vaya que ha sido difícil, me ha costado más rabias que lágrimas a fuerza de lucha por salir del pantanero de una sociedad lapsa, permisiva, dada al nadaísmo donde los demás no importan, donde solo importa el placer propio en todos los sentidos. Vestida como el libre desarrollo de una personalidad lasciva y perniciosa, justificada en la libertad de expresión, exponenciada a través de las redes sociales, la música, la amplia oferta en drogas que alteran sentidos, entre muchas otras. 

Un mundo que solo vive en la inmediatez de sentir sin importarle el daño que a su paso deje, donde la muerte de un líder político es motivo de celebración, donde cambiar el nombre a los actos delictivos disminuye la criminalidad en un país, donde el discurso de un líder político cargado de odio incentiva a desafiar y ajusticiar al mismo orden sembrando miedo en la libertad. Para el mundo todo eso y más, está más que bien, es lo correcto.

Hoy me detengo y respiro profundo, entiendo que existen cosas que no se pueden cambiar y lo que no esta en mis manos debo soltarlo, no preocuparme por ello. Creo que estoy viviendo un existencialismo muy estoico que en ocasiones me hace sentir presa de una profunda desilusión. 

EXISTENCIA

Crecí en una urna de cristal,
tejida con las manos firmes de mi madre,
donde errar era un delito
y la inocencia, una virtud obligada.

Creí que la fortaleza me haría invencible,
pero solo me dejó espejos
donde otros repetían mi propio juicio.

En tanto afuera el mundo arde en placeres fugaces,
disfrazado de libertad
alimentando el ruido de la rabia, el vértigo del instante.

Hoy, en cambio, respiro profundo.
Aprendo a soltar lo que no es mío,
a abrazar mi fragilidad sin vergüenza,
a sostener mi desilusión
como quien sostiene una rosa marchita
que aún guarda su perfume.

PIA ARIZAL

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